AUTISMO: Aprender a «mirarnos», el testimonio de Silvia

Silvia es de Charata, y junto con Leo ven crecer a su hijo Juan Bautista, diagnosticado con T.E.A., condición que abre nuevos desafíos día a día y realidad que necesita ser asumida por una sociedad que debe conocer más.

Hoy en el Día de la concienciación del Autismo desde STCChaco. Com queremos compartir su reflexión, para que no sólo la familia, sino también la sociedad, sea cada vez más azul.

Esto es lo que salió del corazón, del puño y letra de Silvia:

«Las miradas existen como formas de ingresar en el mundo de otro. “Mirame”, es la palabra que repetimos incansablemente en casa, porque es la forma de comunicarnos con Juan Bautista, porque sentimos que cuando nos mira, entiende, nos ve, nos siente cerca, siente nuestro amor y también nuestro apuro porque comprenda lo que necesitamos que entienda.

Pero, de la misma manera que existe nuestra mirada y la de Juan Bautista, existen las miradas de los demás, y es allí donde quisiera detenerme a crear conciencia.

No nos sirve, como seres humanos la mirada despectiva, juzgadora, interrogante, pero no la que interroga para ayudar, para saber qué hacer para ayudar; hablo de las miradas que cargan prejuicios adultos, porque no hay un niño en este mundo que mire así.

Quisiera llegar a cada una de las personas que conforman esta sociedad, la mi Charata, pueblo donde crecí, fui y soy feliz, no para pedir, sino para informar, para ayudarlos a comprender.

El AUTISMO tiene características tan distintas como niños con autismo existen! Y llegó para quedarse, y para enseñarnos por ejemplo de paciencia, de tolerancia, de amor por el otro, de empatía.

Las personas con autismo procesan de diferente forma la información que llega del medio: sonidos, olores, luces, colores, texturas. Todo lo que los “neurotípicos” podemos aislar para comprender mejor, a ellos les llega como una catarata de información que no pueden seleccionar. Y es allí, cuando se produce la crisis.

Cuando no respetamos los tiempos de procesamiento, cuando intentamos que se adapte al ambiente que nos parece “normal”, cuando creemos que la remera que le pusimos es suave y liviana, y para ellos pesa como plomo y raspa como lija.

Es ante estas crisis, de llanto interminable, de patadas y manotazos peligrosos, de autoflagelación, que la mirada del otro juzgando pesa más, mucho más.

Por eso quiero pedir, a todos y cada uno, que puedan aguantar las ganas de opinar, de reprochar, de juzgar, ante una situación de crisis; y en cambio puedan acercarse y preguntar a la mamá, al papá o a quién sea que se encuentre en esa situación tratando de contener a la persona en crisis: ¿CÓMO AYUDO?.

SIN DUDAS, ESE SERÍA UNO DE LOS LOGROS MÁS GRANDES QUE JUAN BAUTISTA, ANA LUCÍA, LEO Y YO OBTENDRÍAMOS COMO FLIA AZUL.

SILVIA, MAMÁ DE JUAN BAUTISTA!»

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