Sea Macri o Cristina, el riesgo de una crisis cambiaria es muy alto

Argentina vuelve a liderar un ranking entre los emergentes más vulnerables seguido nuevamente por Turquía. También Ucrania en la mira.

“A pesar de los importantes ajustes realizados desde el año pasado, el peso argentino y la lira turca siguen siendo las dos monedas más vulnerables a una reversión en el sentimiento del mercado”, advierte Evghenia Sleptsova, economista jefe de mercados emergentes de Oxford Economics. En un intento por evaluar las probabilidades de nuevas crisis cambiarias, la consultora colocó a Argentina y a Turquía con las mayores chances, tanto en el plazo de un año como en los próximos tres, de sufrir una debacle monetaria. Es más, en el caso argentino señala que “evitar una venta masiva sigue dependiendo de la continua cooperación del FMI, que a su vez depende del resultado de las elecciones de octubre”. Pero lo más relevante es que finalmente sea Macri o Cristina, las probabilidades de una nueva crisis cambiaria son muy altas.

“Si bien el grivna ucraniano escapó a la ira del mercado en 2018, también tiene un riesgo significativo, con un puntaje cercano a la atribulada lira”, agrega el informe. Otro que está en la mira es el rand sudafricano: “La economía no competitiva y rígidamente estructurada de Sudáfrica, que el Gobierno no ha abordado, refuerza sus déficits gemelos crónicos, lo que convierte al rand en la siguiente moneda emergente más riesgosa en nuestro ranking”. En cambio, en el caso del peso colombiano que suele aparecer a menudo como la próxima víctima de una venta masiva, la consultora cree que “este temor es exagerado y probablemente se basa en una lectura errónea de los fundamentos macro del país”. En el extremo opuesto, es probable que las monedas asiáticas y de la UE sean las más resistentes a un cambio en el apetito por el riesgo debido a los sólidos balances externos de estos países y las presiones inflacionarias contenidas.

“Si bien los datos sobre China sugieren que lo peor ya pasó, la creciente incertidumbre sobre el crecimiento en EE.UU. y las tensiones comerciales globales siguen planteando riesgos para los sentimientos del mercado mundial, y es probable que haya más volatilidad en las monedas de los mercados emergentes”. Según la consultora, a pesar de un entorno global relativamente benigno, el sentimiento de los inversores sigue frágil y ello explica las crisis cambiarias en los emergentes. Y “si bien el momento de estas crisis es difícil de predecir, el rendimiento relativo de las monedas en caso de una venta masiva no lo es”, para lo cual diseñaron un modelo predictivo que abarca a 166 países. Lo que está claro es que al observar los cambios en los perfiles de riesgo, son las políticas monetarias y/o fiscales los principales impulsores de los cambios positivos o negativos en todas las monedas. En algunos casos, el deterioro se debe a una mayor inflación y alzas en las tasas de interés, explica el informe.

A continuación, lo más relevante de los casos argentino y turco.

En nuestras clasificaciones, Argentina tiene un puntaje de 8,2 sobre 10 y Turquía 7,6, equivalente a un 70% de probabilidad de una crisis monetaria en los próximos tres años. Ambos continúan sufriendo errores de políticas pasadas y nuevos errores que impiden que las correcciones sean más eficaces.

Las altas subas de las tasas en Argentina ayudaron a estabilizar temporalmente la situación, pero también frenaron la actividad económica. Y como los métodos no convencionales del BCRA (como mantener la base monetaria plana) para frenar la inflación están fallando, los últimos movimientos para defender el peso a través de intervenciones cambiarias y los controles de precios probablemente estén allanando el camino para otra crisis monetaria clásica. Tanto Turquía como Argentina demuestran que, una vez que se desata una crisis de balanza de pagos, no hay opciones “buenas” para arreglar la economía. Esto es particularmente cierto si un país intenta cumplir objetivos mutuamente incompatibles al mismo tiempo, como estabilizar el tipo de cambio, respaldar el crecimiento, reducir la inflación y mantener bajos los costos de los préstamos, incluso con una enorme asistencia internacional, como en el caso argentino. Si no se toma la “píldora amarga” del ajuste, se pueden producir crisis financieras más dolorosas y, potencialmente, incluso el doble o triple del daño sobre la deuda soberana y/o bancaria en un futuro.

En el semáforo de riesgo le sigue el hryvnia ucraniano con un puntaje de 6,7 o un 47% de probabilidad de crisis en 3 años; luego el rand de Sudáfrica con un puntaje de 5,1/10 en nuestra herramienta, lo que indica aproximadamente un 40% de probabilidad de una crisis monetaria en los próximos tres años.

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