20 de junio: Día de la Bandera

El Día de la Bandera se conmemora cada año en Argentina el 20 de junio.
Esa fecha es feriado nacional y día festivo dedicado a la bandera argentina y a la conmemoración de su creador, Manuel Belgrano, fallecido en ese día de 1820.
La fecha fue decretada por ley 12.361 del 8 de junio de 1938, con aprobación del Congreso, por el entonces presidente de la Nación Argentina, Roberto M. Ortiz.
A partir del año 2011, por decreto nacional, dicho feriado es inamovible.
La bandera fue creada el 27 de febrero de 1812, durante la gesta por la Independencia de las provincias Unidas del Río de la Plata.

Esa primera bandera que tenía dos franjas verticales, una celeste (no se conoce cuál era la intensidad del color) y otra blanca, fue enarbolada por primera vez en Rosario en dos baterías de artillería ubicadas en orillas opuestas del río Paraná.

Más tarde, fue establecida por el Congreso de Tucumán como símbolo patrio mediante ley el 26 de julio de 1816: se la dividió en tres franjas horizontales de igual tamaño, de color celeste la superior e inferior y de color blanco la central, a la que se le agregó por ley el llamado Sol de Mayo.

La muerte del General Manuel Belgrano

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano falleció luego de que la hidropesía que lo había enfermado meses antes consumió completamente su salud.

Cuenta la historia que luego de ser examinado le pagó al médico escocés Joseph Redhead con un reloj de oro, pero el profesional no aceptó el pago y decidió no cobrarle.

En sus últimos días, el padre de la insignia patria estaba sumido en la más absoluta pobreza y aún así insistió para que el médico aceptara el reloj con cadena de oro y esmalte que le había obsequiado el rey Jorge III de Inglaterra, a modo de intercambio.

Tal como fue su última voluntad, el cuerpo del general fue amortajado con el hábito de los dominicos y llevado al Convento de Santo Domingo donde quedó sepultado en un atrio.

Debido a las carencias económicas de su familia, la lápida de la tumba fue improvisada con el mármol de una de las cómoda de la habitación de Miguel, hermano de Manuel.

Una de sus últimas frases fue de esperanza, a pesar de los malos momentos que atravesaban él y su patria: «Sólo me consuela el convencimiento en que estoy, de quien siendo nuestra revolución obra de Dios, él es quien la ha de llevar hasta su fin, manifestándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a su Divina Majestad y de ningún modo a hombre alguno».

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